Con una guerra en Europa y las empresas corporativas de gran capital, muchas de ellas multinacionales, tenemos un panorama desolador.
Cada día ganan terreno en la mezquindad, en el abuso , en el ejercicio de su poder por encima de las instituciones públicas que les son fieles y obedientes. Ya sea a través de la norma amañana, ya sea por peso directo de la corrupción española.
Mientras la tarjeta prepago de correos da sus últimas boqueadas fruto de sus abusos y excesos, el servicio de paquetería se resiente en calidad y servicio.
Frente a la utopía de Correos como empresa de capital público se está produciendo un deterioro en el servicio de paquetería. Ya ni llaman. Se limitan a tocar a la puerta en el mejor de los casos, y luego a dejar el aviso de llegada para que pasen a buscar el paquetito.
Les da igual si se les dijo que lo entregaran al vecino de abajo. Correos siempre trata de imponerse al cliente como si fueran sus vasallos o súbditos.
Protestar suele valer de poco en este ambiente prebélico.
Pero hay que protestar.
La tarjeta famosa ha pasado al manto corporativo de bnext. Un entorno que terminará por cobrarte 1.80 euros de mantenimiento mensual de la cuenta hasta apoderarse de todos tus fondos. Me imagino que por contrato y en la letra pequeña.
Esto es España !.
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